Revista Ejercicio & Salud, es una publicación de Summa Media Group
Nade contra la depresión

Al realizarse en un ambiente agradable como es el agua, la natación sube el nivel de algunos neurotransmisores cerebrales claves y las personas tienden a sentirse más sanas emocionalmente.

Por: Ghiselle Hernández Sánchez, entrenadora de natación, Costa Rica Tennis Club.

Quizás el mundo feliz idealizado por muchas personas podría hacerse realidad si vivieran en armonía, integrando todas las facetas de su existencia incluyendo la parte espiritual, la familia, la cultura y el deporte.
Si esto ocurriera, los niveles de depresión en el mundo bajarían. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), esta condición afecta a 121 millones de individuos en todo el planeta y menos del 25% de quienes la padecen tiene acceso a los tratamientos.
Sabemos que la depresión, esa sensación de angustia y tristeza, puede tener diferentes orígenes: problemas nutricionales, psicológicos, espirituales o un desbalance en la química del cerebro.
Sin embargo, se ha comprobado que muchos pacientes con depresión han mostrado una mejoría clínica considerable, sin necesidad de recurrir a un tratamiento farmacológico, solamente adoptando el ejercicio como un hábito.

¡Al agua!

La natación, por llevarse a cabo en un ambiente agradable como el agua, contribuye notablemente a mejorar el estado de ánimo de las personas. Además, resulta ser un efectivo antídoto contra la depresión, porque sube la producción de endorfinas a nivel cerebral. Estas sustancias son generadas por la glándula pituitaria durante el ejercicio, la excitación, el consumo del chocolate, el enamoramiento y el orgasmo, entre otras situaciones placenteras. Y, según los especialistas, al igual que los opiáceos, tienen un efecto analgésico (disminuyen el dolor) y son capaces de producir sensación de bienestar.
Además de las endorfinas, el ejercicio –y en este caso la natación– también sube la producción de serotonina (conocida como 5-hidroxitriptamina), un neurotransmisor relacionado, entre muchas cosas, con el control del apetito, el estado de sueño y vigilia, la memoria y el aprendizaje.
Asimismo, se sabe que regula la temperatura y la función cardiovascular y endocrina. También disminuye la agresividad y evita la depresión. Cuando la producción de sustancias como la serotonina y las endorfinas se incrementa, gracias a la natación u otro tipo de actividad física regular, es esperable que las personas experimenten relajación, mayor autoestima y concentración.
No es magia, pero el mundo para ellas pasa de ser gris a estar lleno de colores, todo gracias a la decisión de entrar en contacto con el agua.

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